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Chips Act 2.0: dónde puede ganar posición España en la cadena de semiconductores

PIUE-006 · 22 de octubre de 2026

Resumen ejecutivo

Chips Act 2.0 amplía la política europea de semiconductores desde la financiación de capacidad hacia la demanda y la industrialización. Para España, la oportunidad no consiste en reproducir toda la cadena mundial, sino en conectar capacidades de diseño, fotónica, materiales, prototipado y preproducción con sectores industriales capaces de convertirse en clientes. El reto es transformar inversión tecnológica en productos, contratos y producción escalable.

1. Contexto

La Comisión Europea presentó el 3 de junio de 2026 la propuesta de Chips Act 2.0, COM(2026) 504, destinada a sustituir el Reglamento europeo de chips de 2023. La propuesta sigue el procedimiento legislativo ordinario y permanece en negociación entre las instituciones europeas.

El primer Chips Act respondió a las disrupciones de suministro que habían dejado al descubierto la dependencia europea de una cadena extremadamente globalizada. Según la Comisión, aquel marco contribuyó a movilizar más de 52.000 millones de euros de inversión pública y privada y a crear unos 46.000 empleos directos e indirectos. Sin embargo, Europa continúa dependiendo del exterior en segmentos como la fabricación de chips avanzados y parte del diseño.

Chips Act 2.0 intenta corregir una limitación del enfoque inicial. La política ya no se concentra únicamente en financiar investigación y nuevas instalaciones. La propuesta incorpora instrumentos para que las tecnologías desarrolladas en Europa encuentren usuarios industriales y lleguen con mayor rapidez al mercado.

Los denominados Demand Accelerators deben poner en contacto a fabricantes de semiconductores con empresas usuarias, permitir el desarrollo conjunto de hojas de ruta tecnológicas y facilitar proyectos piloto y actividades de codiseño. Automoción, telecomunicaciones, aeronáutica, defensa y servicios en la nube aparecen expresamente entre los mercados prioritarios.

La idea parece sencilla, pero introduce un cambio importante. Europa empieza a tratar la demanda industrial como una pieza de la política de semiconductores y no únicamente como el resultado posterior de haber financiado nueva oferta.

2. Análisis

Esta modificación resulta especialmente interesante desde España.

El PERTE Chip dispone de un presupuesto de 12.250 millones de euros y cubre prácticamente toda la cadena, desde concepción y diseño hasta producción y desarrollo de la industria electrónica. Pero la dimensión presupuestaria dice poco, por sí sola, sobre la posición que España puede ocupar en una industria caracterizada por inversiones enormes, ciclos tecnológicos cortos y una especialización internacional muy profunda.

Intentar reproducir dentro de un solo país todos los eslabones de esa cadena no parece un objetivo realista. Fabricar los chips más avanzados exige instalaciones de decenas de miles de millones, equipos que solo producen unas pocas compañías en el mundo, proveedores especializados de materiales y gases, propiedad intelectual, grandes volúmenes y clientes capaces de absorber la producción.

El criterio relevante es otro: en qué partes de esa cadena puede España construir una posición difícil de sustituir.

Algunas inversiones recientes apuntan precisamente hacia esa lógica.

InnoFAB, en Cataluña, cuenta con un presupuesto global ligeramente superior a 404 millones de euros. El proyecto prevé una sala limpia dedicada al desarrollo de micro y nanotecnologías basadas en semiconductores avanzados, incluidas tecnologías beyond-CMOS, y capacidad para trabajar también con CMOS. El BOE define expresamente su función como cubrir la distancia entre investigación y desarrollo comercial de nuevos prototipos.

IMEC Spain ofrece otro ejemplo. Un proyecto de I+D financiado en 2026 trabaja sobre óptica plana, sistemas de sensado y percepción, tecnologías de integración a nivel de panel y hardware de inteligencia artificial seguro. Son ámbitos bastante distintos de una gran planta dedicada a producir millones de chips estandarizados.

Este tipo de iniciativas revela dónde puede estar una parte del espacio competitivo español: diseño, fotónica, materiales avanzados, prototipado, integración, encapsulado avanzado o aplicaciones específicas. Son segmentos en los que el valor depende tanto del conocimiento y la relación con el cliente como de la escala fabril.

Pero disponer de laboratorios y capacidad tecnológica no garantiza que aparezca una industria.

Ahí es donde Chips Act 2.0 introduce una cuestión que merece más atención. Europa ha sido históricamente buena produciendo investigación que después no siempre se convierte en empresas, productos fabricados a escala o posiciones industriales duraderas. El problema no termina en el laboratorio. Existe un tramo intermedio entre demostrar que una tecnología funciona y conseguir que un fabricante la incorpore a miles o millones de productos.

Los Demand Accelerators intentan actuar precisamente sobre esa brecha.

España dispone además de algo que puede resultar útil en ese proceso: industrias capaces de actuar como clientes. Entre enero y agosto de 2026 se fabricaron en España 1,45 millones de vehículos. El automóvil consume cada vez más semiconductores para gestión de potencia, baterías, sensores, comunicaciones, conducción asistida e inteligencia embarcada. Energía, telecomunicaciones, automatización industrial y defensa ofrecen otras fuentes potenciales de demanda.

Esta base manufacturera puede convertirse en un activo si se conecta con las nuevas capacidades tecnológicas.

El mecanismo sería distinto del habitual. En lugar de financiar primero una tecnología y esperar después a que encuentre mercado, fabricantes de vehículos, equipos eléctricos o sistemas industriales podrían participar desde fases tempranas en la definición de especificaciones, validación y diseño. Una empresa europea de semiconductores tendría así un primer cliente; la empresa industrial reduciría el riesgo de adoptar una tecnología nueva; y la inversión pública aumentaría sus posibilidades de terminar generando actividad comercial.

Eso no elimina la necesidad de atraer fabricación. Diseño, prototipado y producción se retroalimentan, y una Europa que pierda demasiada capacidad fabril seguirá siendo vulnerable. Pero obliga a distinguir entre soberanía tecnológica y autosuficiencia.

Una política eficaz no necesita fabricar en Europa cada componente que consume. Necesita evitar dependencias críticas y, al mismo tiempo, conservar suficientes capacidades propias para que otras regiones también dependan de tecnología europea. En semiconductores, Europa ya demuestra que una posición de ese tipo es posible en determinados equipos, materiales y tecnologías especializadas.

La oportunidad española debería medirse con ese mismo criterio.

3. Implicaciones de política pública

La primera implicación es que el PERTE Chip debería evaluarse menos por el volumen de recursos movilizados y más por las capacidades que consigue consolidar. Construir una sala limpia o financiar un centro de investigación es una condición necesaria en algunos segmentos, pero el resultado industrial aparece cuando esa infraestructura produce tecnología transferida, propiedad intelectual, empresas, contratos y producción.

La segunda es conectar de forma deliberada las políticas de semiconductores con los grandes sectores usuarios españoles. Automoción, energía, telecomunicaciones, aeroespacial, defensa y automatización no deberían observarse únicamente como sectores que necesitan chips. Pueden funcionar también como instrumento de industrialización de la tecnología desarrollada en España y en Europa.

La tercera afecta a la selección de proyectos. La disponibilidad de financiación pública puede incentivar una carrera por atraer instalaciones de gran tamaño, aunque su integración con el tejido industrial sea limitada. Un proyecto de menor volumen puede generar más capacidad estratégica si crea conocimiento difícil de sustituir, desarrolla proveedores y consigue clientes internacionales.

Por último, España necesita decidir dónde pretende especializarse. El nuevo marco europeo amplía las posibilidades, pero también aumenta la competencia entre Estados miembros por captar proyectos. Dispersar recursos entre demasiados segmentos reduciría las probabilidades de alcanzar escala suficiente en cualquiera de ellos.

Chips Act 2.0 puede ayudar a Europa a corregir la distancia entre investigación y mercado. Para España, esa puede ser precisamente la oportunidad más interesante. No se trata de fabricar todos los chips, sino de conseguir que una parte mayor de los chips, tecnologías y sistemas que necesitará la industria europea incorporen conocimiento, capacidad productiva y valor añadido desarrollado aquí.

4. Fuentes

Comisión Europea, «Proposal for a Regulation on a framework of measures for strengthening the Union’s semiconductor ecosystem, repealing Regulation (EU) 2023/1781 (Chips Act 2.0)», COM(2026) 504 final, 3 de junio de 2026.
URL: https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:52026PC0504

Comisión Europea, «Chips Act 2.0», Dirección General de Redes de Comunicación, Contenido y Tecnologías, actualizado el 3 de junio de 2026.
URL: https://digital-strategy.ec.europa.eu/en/policies/chips-act-2

Parlamento Europeo, Observatorio Legislativo, «2026/0139(COD) — Chips Act 2.0», consulta de 1 de octubre de 2026.
URL: https://oeil.europarl.europa.eu/oeil/en/procedure-file?reference=2026%2F0139%28COD%29

Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, «PERTE de Microelectrónica y Semiconductores».
URL: https://portal.mineco.gob.es/es-es/ministerio/PlanRecuperacion/pertes/Paginas/PERTE_Chip.aspx

Boletín Oficial del Estado, Real Decreto 469/2026, de 10 de junio, programa UNICO I+D-IMEC Spain.
URL: https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2026-12713

Boletín Oficial del Estado, Orden TDF/733/2026, de 15 de julio, proyecto InnoFAB.
URL: https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2026-15736

ANFAC, «La producción de vehículos cae un 1,8 % en los ocho primeros meses del año, con 1,45 millones de vehículos fabricados», 22 de septiembre de 2026.
URL: https://anfac.com/la-produccion-de-vehiculos-cae-18-en-los-ocho-primeros-meses-del-ano-con-145-millones-de-vehiculos-fabricados/

Centre for European Reform, Zach Meyers, «Should the EU’s tech sovereignty package make Europe richer or safer?», 7 de julio de 2026.
URL: https://www.cer.eu/insights/should-eus-tech-sovereignty-package-make-europe-richer-or-safer

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